En el CFM de Guadalajara, la educación no se detiene en las puertas del aula.
Una vez más, el programa ADN Movilidad ofreció a dos alumnos de segundo de bachillerato una experiencia de inmersión cultural y lingüística fuera de lo común.
Durante 12 semanas, Enrico y Carlo intercambiaron mucho más que sus países: compartieron una nueva vida cotidiana entre México e Italia.
Enrico Acosta Cros se sumergió en el liceo francés de Carlo, en Italia, durante seis semanas, y luego fue turno de Carlo de ser acogido en nuestro establecimiento. Este intercambio les permitió practicar sus lenguas en un contexto real, pero sobre todo adaptarse, ganar autonomía y salir de su zona de confort.
Más allá de los aprendizajes escolares, se trata de una verdadera experiencia humana: vivir en otra familia, integrarse en un nuevo entorno, crear vínculos a pesar de las diferencias.
“Este intercambio me enseñó que entender otra cultura es también entenderme mejor a mí mismo”, confiesa Enrico.
“Conocer a alguien de otro país me hizo ver que, aunque hablamos distinto, sentimos muy parecido”, añade Carlo.
Dos testimonios que recuerdan que, más allá de las lenguas y las fronteras, las emociones siguen siendo universales.
Gracias a la red AEFE, el programa ADN Movilidad permite a nuestros alumnos convertirse en ciudadanos del mundo, más abiertos, curiosos y seguros de sí mismos, desarrollando una tolerancia esencial en un mundo globalizado.






